Thursday, June 9, 2011

"Registros Intuitivos" Sandra Pinardi

Los dibujos son realizaciones reflexivas, y lo son al menos en dos sentidos. Por una parte, todo dibujo tiene una condición abstracta, ideal, y por ello, más que funcionar como una representación se muestra –se expone- como la presentación de los modos subjetivos de figuración, la manifestación del hacerse formal y racional de la mirada. Las imágenes dibujadas inscriben en el mundo y en la percepción, el entramado de relaciones, la trama inaugural de líneas, apuntes y señas, desde las que los cuerpos se delinean y se destacan, las cosas nos informan de sus contornos, de sus texturas, de sus estructuras. Por la otra, un dibujo es propiamente, una imagen-lenguaje, es decir, una imagen hecha de sentidos, de significaciones, de orientaciones. Una imagen-lenguaje, un gesto del pensamiento, gracias a la que es posible lograr la articulación lingüística de una realidad primigenia, y es posible convertir en expresión y significado aquello que dicen, de modo silencioso, el mundo y el cuerpo propio. En tanto que realización reflexiva, el dibujo es un lugar limítrofe para las artes visuales, ya que en él se conjuga, y se entrelaza, lo que acontece con la mirada que lo encuentra y lo descubre, lo que aparece en el mundo con las significaciones con las que el sujeto lo recubre.

Carola Bravo ha investigado el dibujo y sus espacios limítrofes de diversas formas. Inicialmente elaborando unas cartografías imaginarias –hechas de la sucesión de líneas sinuosas e insinuantes- que transforman los sitios en los que se emplazan, convirtiéndolos en territorios espirituales: lugares de la memoria y del pensamiento, lugares abiertos a los anhelos. Este trabajo sobre la cartografía, sobre el delineado de los tránsitos y su reconstrucción, lo ha diversificado en el trabajo mismo, elaborando distintos tipos de “mapas” que inscriben entre palabras –líneas ya figuradas- territorios hipotéticos e ideales, o que recuperan el deambular azaroso de los elementos naturales, tanto en su fuerza imprevisible como en su acogida irrefutable. En esta labor cartográfica, esa de la línea que construye localizaciones y dimensiones, Carola Bravo se encuentra constantemente en la necesidad de esbozar –o bocetar- el mundo, ideando trazados y rumbos, para donarle concreción y presencia a sus propios recorridos, a sus experiencias, y a las figuraciones con las que fragua su habitabilidad de los espacios.

Este accionar el “mapa” de las experiencias se instala ahora, en estas obras, de manera paradójica, señalando en las vetas del mármol, en su diseño esencial, una cartografía que pareciera haber abandonado las determinaciones de lo territorial, del espacio como protagonista, para hacerse texto, escritura rítmica, despliegue fraseado de una geometría elemental. Son trozos de mármol en los que un énfasis –la veta construida como línea por el gesto de Carola- exterioriza una reapropiación creativa de ese decir ajeno, el decir propio de la piedra, que se constituye en momento de una suerte de pentagrama tectónico que absorbe el espacio y la mirada, guiándolos en un itinerario que se impone, simultáneamente, como imagen que reviste los límites del espacio y como anotaciones e indicaciones del canto silente de los trazos con los que nos acoge la materialidad misma del mundo. Este pentagrama tectónico que surge del entrelazamiento de una serie de fragmentos se muestra como un decir prereflexivo, un decir transido de cuerpo (del cuerpo del mármol, del cuerpo propio, de la mirada que los une a ambos) que incorpora en sus frases, en su desarrollo textual, esas divergencias, cadencias, ritmos y fragilidades, gracias a las que los lugares son constelaciones, se hacen de conexiones, ilusiones e interacciones.

La piedra se manifiesta, entonces, como índice, registro, marca, y en los trazos que la definen, da lugar a un juego geométrico que la excede y la convierte en rastro de un sonido inaudible pero imaginable. Una geometría corporal que surge de la propia piedra, que crece entre los fragmentos, en sus cantos, y que devenida imagen y espacio, se convierte en señal de nuestra propia tradición plástica, que se enlaza con Otero y con Perna, anunciando una condición ineludible de nuestra cultura: su territorialidad irrecusable, su sensualidad incuestionable.

No comments: